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El Reino Unido detiene a Assange tras recibir una orden de extradición de EE UU

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El Julian Assange que la policía londinense sacó este jueves en volandas de la Embajada de Ecuador tenía poco que ver con el cofundador de Wikileaks que desafiaba altivo hace siete años a los poderosos del mundo desde el balcón de ese mismo edificio. Con barba larga y la melena recogida en una coleta, gritó a sus escasos seguidores que “resistieran este ataque de la Administración de Trump”. Abandonado por el Gobierno de Quito, Assange compareció ante un juez británico después de que las autoridades estadounidenses cursaran una petición de extradición al Reino Unido, y anoche durmió en prisión.

El entorno de Assange (Townsville, Australia, 47 años) vivía en tensión en los últimos días y había advertido de que su detención era inminente, después de que supieran que el Gobierno de Ecuador había decidido dejar de proteger al hacker más famoso del mundo. A las 11:53, hora peninsular española, agentes de la Policía Metropolitana accedieron al interior de la embajada ecuatoriana, un apartamento en un edificio de ladrillos rojos y balcones blancos situado en el distrito de Knightsbridge, a pocos metros de los famosos almacenes comerciales Harrods.

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Según explicó Scotland Yard, y confirmó más tarde la primera ministra, Theresa May, en el Parlamento, la detención respondía a una petición de extradición del Gobierno estadounidense. Assange se enfrenta a la acusación de un grave delito contra la seguridad informática: la publicación, en el portal Wikileaks, de cientos de miles de documentos clasificados del Departamento de Defensa. La pena prevista para este tipo de actos se eleva a cinco años de prisión. En esa ocasión, contó con la colaboración de una analista de inteligencia, Chelsea Manning[quien trabajaba entonces en el Pentágono bajo el nombre de Bradley Manning]. Juntos publicaron toneladas de material secreto, entre las que había información sobre las guerras de Irak y Afganistán o cables diplomáticos del Departamento de Estado, que pusieron en apuro las relaciones de Washington con el resto del mundo.

El presidente de Ecuador, Lenín Moreno, explicó a través de un vídeo y de su cuenta oficial en la red social Twitter que su país había “decidido soberanamente retirar el asilo diplomático a Julian Assange por violar reiteradamente convenciones internacionales y protocolos de convivencia”.

Perseguido por la justicia sueca por la presunta violación de dos colaboradoras de Wikileaks durante una visita a Estocolmo en 2010, los tribunales británicos le concedieron la libertad provisional, bajo estrictas condiciones de vigilancia de las que Assange logró burlarse. Con la complicidad del entonces presidente de Ecuador, Rafael Correa, quien simpatizaba con la causa original de Wikileaks de abrir ventanas y forzar la transparencia informativa, logró acceder a la Embajada londinense del país latinoamericano en 2012, disfrazado de repartidor en moto. Por aquel entonces, Assange había perdido gran parte de su prestigio y de la complicidad de grandes medios de comunicación, entre ellos EL PAÍS, The Guardian y The New York Times, que habían realizado el trabajo de analizar, filtrar y dotar de consistencia informativa a los miles de documentos obtenidos por el hacker.

Assange burló constantemente las medidas de seguridad de la embajada ecuatoriana y causó a ese país serios conflictos diplomáticos con su constante injerencia en los asuntos internos de otras naciones, como la publicación de correos internos del Partido Demócrata estadounidense en medio de la campaña electoral de 2016 o sus continuos mensajes de apoyo al independentismo catalán en España.

El juez británico, Michael Snow, ante el que compareció este jueves Assange en la Corte de Magistrados de Westminster, despachó la primera comparecencia del prófugo con dureza: “Su afirmación de que no ha tenido un juicio justo es una broma, y me temo que es fruto del comportamiento de un narcisista incapaz de pensar más allá de sus propios intereses egoístas”, dijo. El acusado, según los testigos, levantó el pulgar en un gesto de satisfacción, pero la ley británica apunta al menos a un año de prisión por saltarse las condiciones de su libertad provisional. Aunque se aprobara su extradición, Assange deberá cumplir antes esa pena.

Todo indica que Assange pasará los próximos meses en una celda de la prisión de Wandsworth, en las afueras de Londres. A partir de ahí, el hacker seguirá entre rejas hasta que concluya un largo proceso judicial —los expertos hablan de hasta dos años— para decidir si se concede su extradición a Estados Unidos. Eso sin contar con que las autoridades suecas han mostrado interés en reabrir el caso de sus presuntas violaciones de 2010, que había quedado provisionalmente archivado.

“Hoy hemos demostrado que nadie está por encima de la ley. Julian Assange no es un héroe. Se ha ocultado de la verdad durante años y años y es justo que su futuro sea decidido por el sistema judicial británico. Lo que ha ocurrido hoy es el resultado de años de delicada diplomacia a cargo de mi departamento”, escribió en un comunicado el ministro de Exteriores del Reino Unido, Jeremy Hunt, pocas horas después de que se hiciera pública la detención.

Wikileaks respondió de inmediato en su cuenta oficial de Twitter: “Ecuador ha dado término de forma ilegal al asilo político concedido a Assange en violación del derecho internacional”. En el momento en que los policías accedieron al recinto de la embajada ecuatoriana, el propio detenido gritó, según testigos, que los que estaba ocurriendo “era ilegal” y que “no abandonaría el edificio”. En volandas, un grupo de oficiales lo llevaron hasta la furgoneta que le trasladaría a dependencias judiciales.

Dos Gobiernos, dos elecciones y un referéndum después, el Reino Unido detuvo finalmente a uno de los hombres más buscados del mundo.

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