La crisis eléctrica evidencia la ingobernabilidad de Venezuela

La crisis eléctrica evidencia la ingobernabilidad de Venezuela

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Después de más de tres días sin luz, Venezuela se asoma a un abismo. El apagón que se inició el pasado jueves ha profundizado la aguda inestabilidad política que sufre el país y la crisis por la falta de electricidad ha puesto en evidencia su ingobernabilidad. Nicolás Maduro y su Gobierno han insistido desde un primer momento que la falla en la central de Guri se debe a un sabotaje informático dirigido desde Estados Unidos e instigado por la oposición. No obstante, no ha mostrado pruebas del supuesto ataque pese a que ha prometido que las presentará ante la ONU.

A la ineficiencia del sector se añadió la incapacidad de las autoridades para restablecer el suministro. El sucesor de Hugo Chávez aseguró este domingo que están haciendo “grandes esfuerzos” para volver a la normalidad y dio instrucciones para que los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) repartan agua potable y alimentos. El presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, criticó que Maduro no haya aparecido en público más que una vez desde que se comenzó la crisis. “Da la cara”, le retó este domingo en una conferencia de prensa en el patio del Parlamento. Guaidó sugirió que el Gobierno debía permitir la cooperación internacional para solucionar el problema energético, pero no tiene con quién hablar “porque cada vez está más aislado”.

“Van a venir días duros por responsabilidad del régimen”, dijo Guaidó, reconocido como presidente interino por más de 50 países. Anunció que el lunes solicitará al Parlamento declarar el “estado de alarma”, aunque evitó aclarar si se trata de un paso previo a la invocación del artículo 187 de la Constitución, como sugirió el sábado. Ese precepto, que regula las competencias del poder legislativo, contempla también la de “autorizar el empleo de misiones militares venezolanas en el exterior o extranjeras en el país”, lo que se interpretó como la antesala de una intervención armada, cuyo fantasma sigue sobrevolando el pulso entre el chavismo y la oposición.

Los prolongados cortes de luz -16 Estados continuaban este domingo sin suministro y en ocho la electricidad era intermitente- han ahondado en la crisis social y sanitaria que asola al país. Al menos 17 personas fallecieron en los hospitales. “Quince de ellos en Maturín, pero producto de la falta de comunicación no hemos podido monitorear 17 de los 40 hospitales que normalmente se monitorean”, aseguró Guaidó, que compareció junto a los vicepresidentes de la Asamblea Stalin González y Edgar Zambrano y dos técnicos, el médico Julio Castro y el ingeniero José María de Viana.

El político también hizo una estimación aproximada del impacto del apagón en el sector privado. Las perdidas alcanzan de momento, según los informes de los que dispone la oposición, al menos 400 millones de dólares, sin contar las repercusiones en la industria petrolera, principal fuente de ingresos del país. El Parlamento lleva desde el pasado 23 de enero tratando de demostrar que puede construir una institucionalidad paralela al aparato chavista. En este contexto, Guaidó avanzó que hay una propuesta de inversión de 1.500 millones de dólares procedentes de organismos multilaterales y afirmó que está en contacto con una empresa alemana que podría apoyar a la red eléctrica venezolana. Sin embargo, las medidas adoptadas hasta ahora chocan con los engranajes del Estado, controlados por Maduro y su entorno.

Mientras tanto, miles de personas buscaban este domingo la manera de no perder los alimentos que guardaban en sus casas: bien cocinándolos o comprando bolsas de hielo que los pudiesen mantener fríos por unas horas más, a la espera de que la luz volviese a sus hogares. En algunos de los mercados y puestos ambulantes que vendían comida la gente se agolpaba con afán y desesperación: pagar con tarjeta, una práctica habitual dada la falta de billetes, era imposible porque seguía sin haber señal en gran parte de la ciudad. Quien podía, los menos, recurrían al pago con dólares, un negocio para los comerciantes. “Hoy, para venir hasta acá, la camioneta que me trajo aceptaba dólares, se está convirtiendo en una locura”, criticaba Dora, una limpiadora que caminaba por el barrio de Chacao. En el mismo municipio la tensión se hizo más palbable a lo largo de la tarde, cuando aumentó la presencia policial ante posibles protestas espontáneas de los vecinos.

elpais.com

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